CARRERA

Ayudandote a subir la escalera del éxito, un peldaño a la vez

  • Minella Thim

Mala madre

Al principio quería escribir de lo injusta que encuentro la maternidad obligada para mujeres, de la gente que a punta con el dedo a las mujeres por tener que dejar a sus hijos 'botados' para ir a trabajar, o porque las tildan de poco profesionales si no tuvieron con quien dejar a sus hijos y llegaron al trabajo con ellos a su lado. Por como critican a una mujer por volver al trabajo luego de dar a luz, sin siquiera pensar que quizás necesita trabajar para sacar adelante a ese hijo. Y pensando en todo esto recordé a mi madre, mi mala madre como crecí pensando. Una 'abandonadora', que salia todos los días cuando yo despertaba y volvía cuando yo ya dormía. Esa madre que se perdió el 70% de mis presentaciones escolares, y que a veces estaba muy cansada para jugar.


Mi mamá era una mujer muy joven cuando yo nací, con solo 21 años tuvo que dejar abruptamente de ser joven y libre, a ser una mujer juzgada. Juzgada por aquellos que no aceptaban que sin un marido ella cargara a una niña en sus brazos, juzgada por ser muy joven, juzgada por tener que dejar de estudiar derecho para poder sacar una carrera más rápida como secretariado para poder costear los nuevos gastos asociados a mi. Mi madre tuvo apoyo de mis abuelos, quienes se hicieron cargo de cuidarme y de ponerme su apellido para que ella no sufriera más por una sociedad bruta que la culpaba y que me nombraba a mi como hija natural, gracias a esto hoy comparto apellido con mi mamá y puedo decir que 'soy solo de ella'.

Recuerdo con ternura la mirada de mi madre al salir por la puerta cada mañana, una mirada llena de una mezcla entre esperanza y nostalgia, y es que en sus ojos se escondía la fuerza y pena más grande, la de una madre trabajadora, esa que desearía quedarse y disfrutar verte crecer pero que necesita salir a hacer lo suyo por ti. También recuerdo la emoción que sentíamos las horas en las que podíamos vernos, o los fines de semana, que saliamos a pasear y gastaba todo su trabajado sueldo en llenarme de actividades y regalos, en horas llenas de diversión en las cuales yo endiosaba a mi madre como un ser humano cercano, lleno de diversión y millonario.

Hubo una época oscura, en que gracias a los malos comentarios de gente, comencé a ver a mi mamá como un ser oscuro que nunca estaba para mí, recuerdo a mi abuela usar frases como 'es que ella pasa en la calle' o 'tu mamá no viene, parece que habían cosas más importantes que hacer' con tonos sarcásticos que ella debió pensar una niña no entendería ni sentiría su visión. Las miradas de lastima que algunos de mis compañeros o sus padres dirigían hacia mi cuando por trabajo mi madre no podía asistir a actos escolares que me hacían sentir como si yo hubiera hecho algo malo para provocar un rechazo de parte de mi progenitora. Los celos profundos que le tenía a sus amigas o a su ex pareja, porque los demás me transmitían sin saberlo su pensamiento de que mi mamá prefería dejarme 'tirada' con mi abuela para salir a pasarlo bien.

Ahora grande, con una mirada madura entiendo los sacrificios que tuvo que hacer, y los comentarios que tuvo que aceptar, me imagino que quizás lloraba con su enorme sensibilidad el no poder ser más fuerte para que no le afectara dejarme para ir a trabajar, para no sentir culpa por querer salir a relajarse.


Mi mamá es una mala madre, y siempre lo va a ser, porque siempre va a haber gente que quiera juzgarla, porque a pesar de yo ya ser una adulta, la gente cree que puede criticarla por su maternidad. Mi mamá es una mala madre, porque cuando tiene almuerzos con sus amigas del gym tiene culpa de no estar en la casa para comer conmigo, porque a veces le cuento historias de mi infancia y se da cuenta que no las recuerda porque no estuvo. Mi mamá es una mala madre porque aún cuando duermo con ella me mira y me aprieta fuerte con miedo de soltarme y perderse algo como alguna vez lo hizo.


Mi mamá es una mala madre y estoy tan orgullosa de que lo sea, porque me ha demostrado el verdadero poder de una mujer, una mujer que no se define solo por su maternidad, ni por su trabajo, ni por su feminidad, sino por su perseverancia, su resiliencia, su poder de salir adelante como matriarca y un sin fin de cualidades que ella como muchas demuestran todos los días.


Mi mamá es un ejemplo, un ejemplo que la sociedad necesita aprender a no juzgar, porque nada de esto la hace más débil ni más vil, porque los tiempos están cambiando y espero que como futuras generaciones aplaudamos y apoyemos a las mujeres de nuestras vidas, que en vez de exigirles, las ayudemos a no sentir culpa, las abracemos cuando lloran y las levantemos cuando caen, porque ellas son capaces de hacerlo todo, pero hacerlo acompañado es mucho más cálido.


Mi mamá es una mala madre, y ojala en el futuro yo serlo también.

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